Torero Dios y yo toro en la arena
a ver quién vence a quién, a ver su suerte,
a ver si puede más Él que es más fuerte
o lo tumbo y lo cuerno en mi faena.
Me tiende su capote de azucena
que rasgo luego con olor de muerte,
bien lo sabe y parece que no advierte
que en su insistencia firma su condena.
De pronto el cuerno seco. Cae la rama.
Herido Dios en hombros y algodones
va por el túnel de la enfermería.
la sangre de él era la sangre mía
me devolvió la herida por perdones,
y aquí estoy solo y triste con mi brama.