la poesia en el supermercado
Hoy he despertado poeta.
Me he duchado,
me he vestido con mi ropa de poeta,
he salido a la calle
y muy contento y peripuesto
he entrado en el supermercado.
Oh!
Cómo paseaba por los pasillos,
arriba y abajo, con mi pinta de poeta.
En la zona de congelados,
entre melones y sandías,
orgulloso, con mi mirada de poeta,
de ser un genio del verso,
un artista de la palabra escrita.
Ay!
Cómo me miraba a la gente
con sus carros cargados
y recargados.
Qué recursos, qué expresiones,
qué belleza en las anáforas
de las ofertas del día.
Entre leches enteras y desnatadas
he desplegado esplendorosos versos.
Sí!
Entre metonimias y prosopopeyas
he cogido un pack de cuatro yogures,
y me he dirigido a la caja
dejando rastros de poesía.
La cajera me ha preguntado:
-¿Tarjeta de cliente, señor?
-No, pero soy poeta.
Le he respondido.
La cajera me ha sonreído.
Yo he pensado:
“Cómo entiende esta chica de poesía”