canción
Cuando tú riegas mi tumba
el agua, por entre las grietas
de la losa me resbala
al hueso del antebrazo;
y cuando cavas la tierra
con el filo de tu azada
mi pobre trasero rascas,
detente ya, mi Ninette.
Pues aunque digas muy alto
que quieres venir a mí,
a prima Brigitte prefiero,
su esqueleto será más blanco.
Las dos, después de la misa,
llorando sobre mis restos,
os reunisteis por fin
mi fiel esposa y mi amante.
Aquel a quien más queríais,
ahora hará quince años,
está cubierto de orín
con la intemperie y el tiempo.
Dos agujeros muy negros
son mi cálida mirada
y una aterradora mueca
es la risa de mi cara.
En esta tumba de al lado
tengo un vecino gracioso
que por las noches, ¿no sabes?
tira los pies a mi hermana.
Mas no es nada divertido
estar por siempre aquí dentro
a pesar que cada día
a las doce haya paseo.
Sólo me siento alegre
cuando tú vienes a verme
aunque me riegues con agua
y los huesos me reseques.
Ruego porque vengas pronto,
yo ya he llegado primero;
contigo reiremos mucho
en el profundo agujero.