País Poema - Autores

jean-paul abad

mi amor en palabras - seducción

1
Invades perfume místico de mujer. Lugar extenso y sagrado.
Hermosa flor del crepúsculo. Cabello suelto como la brisa.
Monumento absoluto. Te adoro.
Amor:
¿Qué tanto juegas con mis sentidos?
¡Degústame, con tu manjar de sabores!
Bebo y saboreo la vida de tus senos.
Perfil de uva,
lisa,
dulce
delicada.
Besos húmedos. Pruebo la ciruela.
Tu lengua, mi almíbar. Tu piel, mi cereza.
Esculpo la imagen del deseo en tu silueta
dulce,
lisa,
blanda.
Lluvia de caricias bañan frenéticamente territorios
poblados, dormidos
callados.
Despiertan y emergen del valle en que acaban los días
para entregarse a la existencia.
Manto celeste. Bosque de robles.
Sobran las razones para un entorno atractivo.
Amor:
El recreo ya ha pasado.
¡Los sentidos se han tornado una dulce locura!
2
Te entrego un latido y viajas al crepúsculo.
Mi vida es obra deseando soltar tus labios.
¡He liberado el mapa guardado en tus ojos!
¡Ahora, has marcado mi alma con tus manos!
Entregas un semblante formal de tu boca.
Tu vida es un cuadro presionando mi pecho.
¡Estamos volando triunfantes al cielo!
¡Sigamos escapando hasta no ser hallados!
Tomas la lumbre y un volcán incitante.
Mi vida es un arte que no has practicado.
¡Ha de sumergirnos en aguas termales!
¡He sido desbordado con el fuego de tus pechos!
Compartes el aroma innato floral.
Tu cuerpo es detonante arrollador de mi pulso.
¡Estamos tocando el amor entre ocasos!
¡Soñemos a alcanzar juntos el alba!
Tomamos un baile de romance y deseo.
Las vidas exaltan. La noche ya es nuestra.
¡Los besos reposan en la sed de las almas!
¡Mi alma y tu alma, por nada se alejan!
3
Agradable. Álgido, silencioso momento.
Derívame de todo rumbo por tu mar abierto
porque yo seré el navío que surcará tu horizonte.
¡Oh hábitat consagrado en la humedad de tus costas!
Anclo la huella viva de mi boca en el norte marítimo.
¡Soy el habitante de dos ricas islas!
Soy el velador en un arrecife de piernas.
Nudo de cuerdas, palabras, voces.
Enmudecen. Callan.
Respiras. Deseas. Exhalas.
¡Hemos fallecido en un caudal de embriaguez!
¡Hemos revivido en una Bahía de histeria!
Eres la brisa, el sonido, la ola.
Soy el navío surcando tu horizonte.
Han encallado mis manos en la orilla de tus sueños
para entonar el canto consumido de tu boca.
Ojos cerrados percatan olas que brotan
por la cuenca clandestina de la sangre.
Apeteces, sientes el desmedido anclaje
de caricias sueltas sin desenlace.
Oh mar, que has mantenido a flote mi navío. Agonizas.
Delicada.
Oh mar, que has tomado mi fuerza. Te hipnotizas.
Extasiada.
Oh mar, el zumo de nuestras almas, se agota.
Se acaba.
4
Voces nacientes. Eventos desatados.
La luz absuelta del universo se aflige con el gemido debelado
(de tu alma).
Auxilio de las noches. Cariño en madrugada.
La alfombra extensa que cubre los cielos toma de la tierra
(tu ávida mirada).
Sueños de los días. Escape de las tardes.
El trivial horizonte de horas que cuentan la muerte
se ausenta en presencia de nuestra
(carne agitada).
Toma este remolino de besos
cazadores de piel
ladrones de labios
alquimistas del alma
pintores del silencio
cavadores de tierras
conductores de cielos.
Ahogo el umbral pasado
para que en tu voz florezca:
la selva omitida
la presencia dormida
la vida afligida
en la señal de los tiempos.
Toma mis palabras en hechos
de este concierto
con frases calladas
con luz apagada
con piernas trabadas
moldeando los cuerpos.