mi amor en palabras - amor
17
Dame el dulce de avellana
y el aroma de canela
que desnudan las caricias
al entrar en tu paisaje.
Si tu piel sabe a miel:
enviaré el mejor ayer
a los recuerdos que me surgen
de las aguas que tomé
en el abril que nunca tuve.
Y así,
entre cantos a capela
y cuentos de novela
descubriré el gran tesoro
que hay dentro de ti.
Mírame con ganas de vivir entre mis besos
como el ocaso atardecer
junto a la aurora matutina.
Si resides en mis ojos
dormiré hasta que vuelvas
del olvido de las sombras;
de alejarte de las cosas
y el declive que me dejas.
Con tus ojos que me miran y tus labios que me besan
soñaré con cada borde de tus pies a la cabeza.
Que tu contorno sea frontera de mi piel y mi existencia
como la luz sobre los mares
o el clavel sobre la tierra.
Con el amor que nos invita a disfrutar de este viaje
no habrá tiempo en que desmayes
ni mirada que me resistas.
Ven.
Ven, y ahora.
¡Bésame!
Bésame muy suave y vámonos de viaje
hacia un panorama no visto jamás.
Y en menos de un segundo
marchemos entre varios
roces de los labios
y planetas de otros mundos.
Bésame tan libre donde los besos sean constantes
y de momento nos saciemos del amor que se recibe.
Si los besos se hacen recios destaca el entusiasmo,
el impulso y el esmero
como la compañera de este mensajero.
Son tus besos: mis caprichos.
Los suspiros como himnos serán la compañía
en esta y otras vidas y el sentimiento nuestro hogar.
Son tus labios: mis anhelos.
La alegría de los cielos será nuestra señal
para la festividad, y tus besos mi desvelo.
¡Corre!
Y bésame con ganas de vivir entre mis labios
cuando en tiempos del amor
residimos entre horarios.
Nuestros labios evocarán
con ínfima nostalgia
el destino sin final,
el mutuo desamparo
que ellos demostraron.
Y así,
en el cálido presente visualizado desde ahora,
el medio no es la norma:
la norma es ser feliz.
Entre una y mil caricias
la noción de un vasto amor
que nació en la condición
de emancipar la fantasía,
la verdad
y la ilusión.
Muérdeme con ansias
de habitar entre el espacio
del arrebato de mis dientes
y el surco de mis labios.
Si te sacias de los frutos
que en los surcos hice siembra
tomaras la gran cosecha
del color de mis palabras
y el manjar de mis ideas.
Por los siglos del milenio
y los intervalos del día
no habrá amor en la abadía
que escape del destino.
Como un lápiz en mis dedos;
como tinta en el papel
volarás junto a las alas
del latido intermitente.
Como sangre en la carne de memorias duraderas
andarás sobre mi boca
y la vertiente de mi lengua.
Siénteme con ganas
de morir entre mis besos
como sol en la tormenta;
como sombra en el desierto.
Si sientes que falleces
al encuentro de los labios
fingiré formar la tregua
en el paso de la lengua
con la huella de mis manos.
Entre noches silenciosas
y penumbras reflejadas
dormirás sobre los brazos
de mi amor y sus efectos.
Que los labios no se cansen
de besarse en todas partes
cuando el tiempo nunca es tarde
para amar con libertad;
si eres libre de besarme.
Tómame tan tuyo que no ocultes tu recelo
vigilante protectora del amor en su locura.
Si resguardas los momentos
ante cada sentimiento
desistiré en solicitar
aquí un segundo más
el clamor de la insistencia.
Y así,
en esta vida que acorrala y la muerte que me llama
tomaré solo tus besos como acompañantes del adiós.
Ven.
Corre.
Trepa.
Vuela.
Abrázame.
¡Y bésame!
18
Y el azul de los cielos cubre nuestras tardes.
Y el sol del domingo ilumina los cuerpos.
Tus tercias manos toman mis manos.
Tus besos tendidos atrapan mis labios.
Amor de mi vida, tomaste mi ser.
Amor de mis días, tomaste mis noches.
Amor de mi vida, tu vida es mi vida.
Amor de mis días, mis tardes y noches.