chica rolling
Luce tan coqueta
con su cabello mandarina.
Cada dos minutos treinta y cuatro segundos
la vuelvo a ver pasar frente a mis ojos.
Verla dar vuelta es un espectáculo del patinaje.
La forma de mover sus caderas es como un oleaje tenue.
Su espalda está mojada de sudor
y se le alcanza a marcar su prenda interior en el leggin.
Pareciera que puedo oler sus hormonas
desde el otro lado del parque, como si fuera un perro.
Me cuesta aceptar que el instinto es más fuerte que el juicio.
Pasaron más de siete minutos y no la vi.
Regresé al otro día, y al otro, y al otro, y nunca volvió.