no me rindo
Si no me rindo
no es por valiente, o por fuerte,
y mucho menos porque confíe ciegamente
en que ganaré cada una de mis guerras.
No me rindo porque el día en que muera,
quiero, necesito tener la certeza
de que pude ser, al menos, una roca que fastidió, contrarió
y sobre todo,
que no se la dejó fácil
a sus jodidos problemas.