el cielo de los animales
Aquí están. Los delicados ojos abiertos.
Si en un bosque vivieron,
es un bosque.
Si en la llanura vivieron,
es pasto eterno lo que se extiende
debajo de sus pies.
Sin tener alma, vinieron,
de todas maneras, sin saberlo.
Sus instintos crecen
y se levantan.
Los delicados ojos abiertos.
Para igualarlos, el paisaje florece,
superando, desesperadamente,
lo que se necesita:
el bosque más exhuberante,
el campo más profundo.
Para algunos de ellos
no podría ser el lugar
que es, sin sangre.
Estos cazan, como antes lo han hecho,
pero con garras y dientes perfectos,
increíblemente letales.
Acechan con mayor sigilo
se agazapan entre los árboles,
y su descenso
sobre las espaldas brillantes
puede llevar años,
lento en la soberana alegría.
Y aquellos que son cazados
saben que ésta es su vida,
y su recompensa: andar
debajo de los mismos árboles,
reconociendo la gloria encima suyo,
y no sentir miedo
sino aceptación, conformidad.
Gratificándose sin dolor
en el centro del ciclo,
tiemblan, andan
debajo del árbol,
caen, son despedazados,
se levantan, y otra vez andan.