la bruja
Viene el crepúsculo y yo escucho el viento que arrebata
que se levanta y disfraza por la llanura desierta,
mientras que hincha las cortinas de la ventana abierta
y hiela en mis manos el agua en espejos de plata.
Tiembla mi cuerpo, tamizado de ungüentos, y expande
fosfóreo una luz extraña en la verde penumbra;
mi beldad se exaspera, impaciente, ofrecida…
En un rincón del cuarto una escoba me aguarda.
Fantasmas, errantes llamas en graníticas piedras,
abre los brazos el Harz, allá en el horizonte, y acuden
los espectros al aquelarre de Lilith y Helena.
Las Hades y el infierno se revuelven esta noche,
porque pienso reunir felices sobre el Brocken
al doctor Heinrich Faust y Mefistófeles.