víspera
El último día es también el más largo,
como sucedió con el primero,
una sombra en la llanura del atardecer,
alargándose hasta que se anula a sí misma
con la caída de la noche.
Un primer día que nunca ha transcurrido,
como si todo el tiempo que atraviesa tu ausencia
hubiera sido una sola e interminable eternidad:
un único día interminable,
una única noche interminable,
desde siempre,
desde tu partida.
Los relojes dejan de funcionar en los desiertos,
sus monólogos algorítmicos dejan de tener sentido,
la bóveda del cielo se convierte en una sed enorme,
el horizonte, en un paisaje que se desintegra caótico
en un camino sin retorno
hacia una soledad sin memoria.
Lo único que tiene sentido es la espera,
monolítica e uniforme,
apenas la espera,
única rendija por donde se muestra la luz,
tu beso mañana.