reunión
Si alguna vez tienes que recordarme,
recuérdame como poeta,
aquel que calla y observa sin ser visto
en un rincón cualquiera,
viajero en la periferia de la distancia.
Algunos dirán que me ha alcanzado la locura,
que navego en un mar ausente de espejos
hacia tierras desubicadas por el silencio,
pero no es verdad:
la realidad mancilla mi piel blanca con sus espinas
y la atesoro en las oquedades invisibles de las heridas,
terrero de flores de mis versos.
Mientras, en la reunión la multitud se vacía
en estrábicos discursos y aplausos,
en realidad, todo el mundo no habla sino de sí mismo,
ahogando lo más fundamental de cuanto sucede,
tragados por la elocuencia de las propias palabras.
En la distancia, pero muy cerca,
cerca, pero en la distancia,
observando en la fresca expectación de la quietud,
se escribe por sí mismo un verso
con plumas de aves muertas;
nunca hay grandes cosas que decir,
los asuntos a tratar se han resuelto hace siglos,
las mismas palabras, los mismos rituales,
en realidad, amor, nunca hay grandes cosas que decir.
Pero si alguna vez tienes que recordarme,
recuérdame en el silencio arcano
que mora en el rocío de la mañana,
recuérdame, amor mío, como poeta.