penumbra
Un frío mineral se ha instalado en mis huesos,
palabras acuosas se deslizan y gotean en alguna parte:
mi cerebro desgrana los mensajes furtivos
que aletean en la flagelada luz de la habitación.
Una vez más, silencio:
la cama está repleta de pequeños habitantes de la noche,
se introducen en la oscuridad de mi mente
y hurtan sin piedad los últimos rescoldos del sueño.
Todos me miran con ojos expectantes,
enroscados como serpientes en mis piernas y brazos,
emitiendo ecos y pequeños sonidos que dejaste atrás,
en las grietas de las paredes,
en los cajones del armario:
vacilantes pasos de tus desvelos nocturnos,
suave compás de tu respiración dormida,
incluso un sueño que tuviste a mi lado una vez.
Ahora palpitan en la penumbra de la mañana,
huérfanos del calor de tu cuerpo,
entregados a devorar mi espera
llenando de ti la casa.
Mientras tanto deja de llover, en alguna parte,
pero el frío se ha mudado
a las habitaciones de mi cuerpo.