País Poema - Autores

iván bethencourt

meditación

La quietud me ha enseñado
que el espíritu no puede ser del todo prístino,
en su atadura sináptica a la solidez de la tierra,
convertido en luz transparente que dejara pasar incluso el aire.
Ni siquiera la inocencia más primordial,
en un absoluto de sí misma,
sin anular su propia desnudez.
Es preciso, amor, bañarnos en las aguas del Gran Enigma,
mirar las cosas sin verlas plenamente,
apenas acariciadas en su propio silencio,
sedimentadas en una aureola libre de contornos,
cuyos nombres emerjan como un quedo susurro.
Es preciso, amor, soltar las amarras de la memoria,
recordar quienes somos apenas como un reflejo en el agua,
ser como una hoja seca siendo llevada por el viento,
sin hacerse demasiadas preguntas,
sin esperar ninguna respuesta.
Al final, ¿no te lo he dicho nunca?
Es preciso el amor,
tan solo el amor
navegando en las aguas del silencio.