lluvia en la montaña
Hoy he ido donde nacen las nubes,
al encuentro del cielo,
allí, donde todo comienza como un simple balbuceo
en la poesía subliminal del viento.
El mundo en las alturas era silencioso y helado,
allí, en el seno recóndito del invierno,
un manto encortinado de neblina
que enseguida te arropa con su brazo de metal blanco
(¿no es cierto que las nubes huelen a rocío?)
amortiguando los sentidos
como si de repente despertaras en un sueño,
allí, donde todo comienza como un simple balbuceo.
Piedras musitaban secretos antiguos
que se escurrían en gotas de agua
entre las protuberancias de su piel de reptil,
y caminos con trasgos hechos de musgo
conducían a las honduras infinitas de los barrancos,
anunciados en el silbido de la brisa perfumada
(¿no es la llovizna una extensión de tu perfume?)
allí, donde todo comienza como un simple balbuceo
en la poesía subliminal del viento.
Allí, amor mío, donde reside tu recuerdo,
allí, donde todo comienza,
el manantial-lluvia de tus labios.