la verdad
Grises sombras se proyectan
sobre un gris semblante anubarrado de incertidumbres;
todos los poros del día supuran el color gris,
en realidad, la negación de todos los demás colores,
incluso en el reflejo de la pupila,
cuatro esquinas cimentadas de gris,
como si siempre estuviera a punto de llover
en una negación que muere agrisada de sí misma.
Se ha vuelto gris hasta el aire que respiro,
de repente adquiere una densidad que me aplasta,
ya es imposible distinguir cualquier contorno,
una neblina gris cubre mis sentidos
y sepulta en la ceniza el relicario secreto
de las pequeñas cosas,
las pequeñas verdades que florecen
en el efímero palpitar de cada instante,
una caja negra —o gris— saltando en mil pedazos
en la mano de quien intenta abrirla.
La verdad finalmente revelada en el gris
de este día triste y lúgubre:
nunca hubo nada en su interior,
apenas el reflejo de quien lo mira.