el frío que no cesa
El pequeño habitante de la casa
se arrebuja de frío con el lomo arqueado,
deambula inquieto de una habitación a otra:
el pequeño habitante de la casa,
en la casa deshabitada.
El frío aprieta con sus manos nudosas,
pero viene cargado de enseñanzas;
el frío no firma pactos con el diablo,
nadie puede engañarlo en su cruda sinceridad.
Bien lo sabe el pequeño habitante:
el frío lo hace más viejo,
y a todos
un poco más sabios.