el fin
¿No es hoy cuando todo termina?
—Sí, en este preciso instante. Aquí, ahora.
Una vez y otra.
Pero ¿es necesaria la medida de un año?
—Un año, un siglo, un segundo:
tan solo son espectros de la memoria.
Entonces ¿son lo mismo cien años que uno?
—Sí, pero incluso los espectros
acaban pereciendo,
incluso ellos pierden la memoria.
¿Y si este año se negara a morir?
—Los deseos son irrelevantes,
nacen y mueren en una danza sin fin.
Entonces, ¿el fin es el comienzo?
—No hay fin ni comienzo,
tan solo la muerte de la memoria,
tan solo la destrucción de los espectros.
¿Debo creer, pues, que todo es eterno,
incluso lo que muere,
porque pervive en lo que inevitablemente nace?
—Así podrías creerlo,
pero incluso el espectro de lo eterno perece,
incluso el espectro y la memoria de lo humano.
Pero, de este modo ¿no resulta todo demasiado triste?
—No es triste,
simplemente son espectros que se olvidan…