dulce
Los fantasmas de la soledad
han abandonado de nuevo sus rincones,
convertidos en serpientes y parásitos trepadores
encaramados a mi trémulo cuerpo, una vez más.
Bulle el tiempo como si estuviera desangrándose
en una tediosa inercia de marea,
en un mundo de sombras que lo apaga todo,
que lo confunde y aniquila,
convirtiendo los objetos en seres tristes y crepusculares.
El sabor de la brisa se diluye en un efímero remolino:
la indiferencia, el hastío, el aburrimiento.
Me doy cuenta de que necesito renacer,
hay que volver a respirar,
sentir el aire como si regresara de la muerte,
una sonrisa hasta en el más ínfimo detalle,
arañar la superficie y reencontrar el paraíso.
Algo pequeño basta,
un sencillo grano de arena flotando en el universo,
un sencilla chispa de sabor dulce:
un helado de chocolate,
un beso en tu boca.