caricia
Me he despertado y me he dicho:
«es demasiado temprano para escribir un poema».
Apenas había amanecido,
pero regresé al mundo después de una noche deshilachada
en varios manojos de varios miles de años.
Mis fantasmas se ofrecían a los sentidos,
con sus ropajes aún frescos del recuerdo de la noche,
y las tierras lejanas de entonces,
aquellas que viven aún en tu pupila,
se materializaban al alcance de la mano.
Bajé al mar, una vez más,
y vi que era exactamente igual al de mi sueño,
extendido en un plácido regazo azul de seda.
Su abrazo helaba mi cuerpo y lo acariciaba.
Desde el fondo tu mano me sujetaba la cintura
y tiraba de mí hacia adentro.