barranco
El aliento de la tierra
me conmovió desde su latido profundo;
fue un soplo gélido que subía por angostos tabiques corporales,
húmedo y quejumbroso como el respirar de un gigante,
rebosante de canciones lejanas, flores silvestres
y aroma de arcilla.
De repente, me vi jugando encima de una yerba fragante,
buscaba insectos coloridos debajo de las hojas secas,
supe entonces que hoy volvería a ser niño.
Ya no necesitaba sino del silencio de mi inocencia,
solo mi queda mirada para aprehender el paisaje
y atesorar su belleza inconmensurable.
A partir de ahora, amor mío, será mi sola inocencia
la que dialogue con el mundo,
solo ella como testigo de sus escondidos secretos,
solo ella, en el soplo del viento,
solo mi inocencia, amor mío,
antes de que pierda el alma
y la niñez que un día me encontraste.