milagros naturales
En la Noche Holland Park,
un fantasma blanquísimo
—arterías de las últimas artes—
danza sin huesos
contra un fondo violento,
acorde con sonidos que no escucho.
Y nada extraña
si abres ojos de aceptación
a lo que venga.
¿Acaso no es milagro
que en el día, en este mismo sitio,
vengan los petirrojos
a comer en las manos?
¿Qué éstas mismas existan,
bien dispuestas?
¿O la cola con que se pavonea
el pavo real narciso
ante nosotros que, al estarlo mirando,
milagreamos?