esfinge reina
De pie sobre la caja de la culebra,
la reina, subida por ángeles
o demonios, va tras el sortilegio.
Se le ha abierto un camino de alfileres
para que baile sobre sus puntas
y hacia atrás una espada la protege o la mata.
Este siglo le incendia bosques diarios
de pájaros prohibidos
y le cierra el escándalo de los viajes sin rumbo.
¿Ofrecerá morir, un alacrán
rodeado de oscuros enemigos,
o cubrirse tan sólo de espinas,
de aguijones?
Fío en que mantenga su cetro de locura,
la pólvora capaz de volar
la suficiente imagen del mundo.