invocación al horror
¡Lejos debe borrarse cada escena pintada!
¿Qué es para mí el cielo de zafiro?
¿Qué es para mí el suave tinte de la tierra
o los valles fragantes que se hunden
entre las colinas aterciopeladas?
Sí, allí veo (¿por qué me estremecen esas bellezas?)
arboledas perladas que se inclinan ante el sol;
aferrándose a sus rayos, ríos brillantes
corren ese dardo redoblado del día:
¿Espero escenas vanas, para atrapar la mente
en el dolor adormecido de la resignación,
o pedir que mi corazón sea alegre?
¡Falsas son esas esperanzas! Me vuelvo. Vuelo,
donde ningún encanto se topa con los ojos,
ni las ideas suaves se extravían.
¡HORROR! Te llamo desde la torre enmohecida,
el turbio cementerio de la iglesia y la glorieta abandonada,
donde en medio de humedades nocivas
arden relucientes los fuegos fatuos,
muestran la noche de tejido espeso,
donde la morbosa MELANCOLÍA se sienta,
llora, canta y delira,
y a su pecho se cuela el duende imaginado.
O, si en medio de la oscuridad ártica
te afanas en tu telar,
tejiendo los horribles fantasmas de la Desesperación,
al instante tus espantosos trabajos abandonan,
con alas de cuervo, la hendidura cóncava
donde flota, transportado por sí mismo, el denso aire nocturno.
¡Oh! Llévame al inminente acantilado,
bajo cuya frente el gallardo esquife
te contempla sentado en tu trono rocoso;
allí, en medio del rugido del viento salvaje,
tu influencia, HORROR, adoraré,
cuyo toque mágico se cuaja en piedra.
¡Oh! ¡Esconde el molesto orbe de la Luna,
absorbe los destellos de cada estrella
y deja que la CREACIÓN sea tuya por un momento!
Las olas se disparan; ¡Que rujan los torbellinos,
que la orilla severa y puntiaguda, la barca encallada,
de vuelta a las olas se resignen!
Entonces, mientras desde aquella nube turbia
lanzas tus truenos largos y fuertes,
y los relámpagos destellan en las profundidades,
¡que el grito agonizante del marinero
y el suspiro del piloto
se mezclen y fluyan en el espantoso coro!
¡HORROR! Distante está tu reinado;
antes que los REYES mancharan
la página histórica con registros negros o actos de poder sin ley:
antes que los imperios de Alejandro cayeran,
antes que los Césares enloquecieran,
el mundo aterrorizado recibió tu terrible dote.
A cuya pluma JEHOVÁ inspiró;
Él, que vestido de elocuencia
dirigió los escuadrones de Israel sobre la tierra,
grandiosa y terroríficamente, pinta tu nacimiento.
El TODOPODEROSO, en medio de su fulgente trono,
donde resplandecientes serafines vuelan alrededor de su estrado,
contempló las desenfrenadas ciudades de la llanura,
con actos de nombre mortal que sus leyes desprecian;
Dio el signo irrevocable que marcó en el hombre el odio divino;
¡Y de repente, desde el cielo primordial
los Ángeles de Su ira ordenan volar!
Entonces, ¡HORROR! ¡Tú presides el todo,
y llenas y absortas a cada alma que se acusa a sí misma!
Tú ascendiste para guiar la lluvia ardiente.
¡A TI el Omnipotente te concedió la hora!
A ti correspondía azotar la tierra pecaminosa,
a ti correspondía arrojar el tizón de fuego;
bajo tu mirada los templos cayeron,
y las montañas se desmoronaron ante tu grito.
UNA VEZ MÁS triunfarás en la tormenta de fuego;
UNA VEZ MÁS la Tierra contemplará tu espantosa forma;
¡Entonces buscarás, como dicen los santos profetas,
tu trono nativo, en medio de las sombras eternas del INFIERNO!