este es el horror que, noche tras noche, se sienta sonriendo en mi almohada
Este es el horror que, noche tras noche,
se sienta sonriendo en mi almohada:
para mezclar la paz de ser inocente
con el tibio estremecimiento de ansiar el placer.
Esta es la blasfemia final, la plaga
en todo el propósito puro e intención divina:
de vestir el pensamiento egoísta, el indolente,
en el sable del sacerdote o el blanco angelical.
Por Dios, si pecas, deléitate en ello,
y peca por placer. No digas:
¡He aquí la libertad del espíritu!
Un minuto verá romperse la mortaja del mundo,
y a Dios resplandeciendo a través de ella.
Entonces dí: aquí hay un pecado, y voy a pecar;
y si hay un precio por pecar, lo pagaré.