Cuando mi devoción no pudo perforar
tus oídos silenciosos;
entonces mi corazón se rompió, como mis versos:
mi pecho estaba lleno de desórden y miedo.
Mis pensamientos, como un arco quebradizo,
volaron por los cuatro vientos,
cada uno tomó su camino: algunos al placer,
otros a la guerra y el trueno.
Por lo tanto mi alma está fuera de vista,
muda, sin ataduras:
mi espíritu débil, incapaz de mirar de frente,
cuelga descontento, como una flor mordida.
Oh, anima y aclara mi pecho sin corazón,
no postergues el tiempo;
que tus favores concedan mi pedido,
ellos y mi mente pueden repicar,
y sanar mis versos.