País Poema

Autores

gastón baquero

para berenice, canciones apacibles

I
El amor y el tiempo.
El tiempo junto a ti no tiene horas,
ni días, ni minutos;
es un tiempo que ilumina y llena la memoria,
y la ocupa entera,
como ocupa y llena la extensión de los cielos
el diminuto corazón de cada estrella.
El tiempo junto a ti no tiene horas,
me anticipa, ¡quién sabe!,
las playas que algún día conoceremos
con el radiante nombre de eternidad,
las playas donde el tiempo no ha perdido su luz,
donde no es hábito ni costumbre,
sino memoria pura.
A veces tu recuerdo me hace daño
como un alfiler clavado en la palma de la mano.
Pero me das el tiempo intemporal, lo eterno,
el olvido del mundo y de esas horas
que nos van empujando lentamente al vado;
el tiempo que me das tiene su nombre:
solemne puede ser llamado Eternidad,
humilde puede ser llamado Amor,
pero a solas yo gusto de invocarlo con tu dulce nombre,
y de decirle simplemente, ven a mi corazón,
porque te quiero.
II
La llave del corazón está en los ojos.
La llave del corazón está en los ojos,
como la llave del árbol está en su raíz.
Aquellos largos ojos de Svengali,
que atravesaban muros y dudades
en busca del corazón secreto de su Trilby,
son los ojos del siempre amor.
Pues la mirada
lleva en peso al cuerpo y lo transforma en alma,
y nada puede hacerla mentir; igual que el humo,
proviene de algún incendio de las entrañas,
y ha recorrido antes de aflorar sobre el rostro,
las selvas viscerales,
el rumor sombrío de las venas,
las inmensas aduanas de los huesos; y ha vencido
la noche interminable de la sangre: la mirada,
no puede mentir, trae a su espejo la cifra celestial
del demonio o del ángel, y los exactos retratos
del alma personal. Y en lo impalpable, en lo fugaz,
en el claro misterio revelado por el centellear de una mirada,
quedamos avisados de que la llave del corazón está en los ojos,
como está en la raíz la figuración del árbol.