10 mg.
Alguna vez el movimiento circular del cielo marcó la medida del tiempo
y sobre cada minuto se alzaron cientos de alas como un gran cruce de cometas redentoras
Quien mejor para circundar el aire que los pájaros de cartón que dejamos cultivar
debajo de nuestras lenguas esas noches de intenso calor de mayo
y ciertamente era mayo y era tarde
y ciertamente los pájaros en llamas se llevaban nuestras partes que aún quedaban
con vida y tejían una luna borrosa sobre el río, que era la única entrada al paraíso
que nos quedaba.
La dormidera avanza como un tropel de aves sin memoria
hacia ese nido estelar de glifos desenfocados que es el sueño
se desinflan los cuerpos como un balbuceo
Con toda la bandada que se deja morir bajo las sábanas
Dejamos los ruidos alejarse para apagar la luna con un leve movimiento de muñeca.