no voy a pedir perdón
No soy perfecta. Tampoco aspiro a serlo. Tengo mil defectos; algunos me dan igual, otros los odio. A los dieciocho años soñaba con un cuerpo como el de mis amigas, pero, ahora, ¿qué más da?
Mi cuerpo me ha dado más alegrías que penas.
Y, como dije una vez en mi blog, no voy a pedir perdón…
Ni por mis tobillos, que no son todo lo delgados que pensé cuando era pequeña que debían ser por culpa de la maldita Barbie, ni por mis piernas, torneadas y carnosas, ni por mis muslos, aunque en verano a veces me moleste el cariño que se tienen entre ellos.
No voy a pedir perdón por mis caderas, por mis nalgas, por mi cintura o por mi pecho. Por supuesto, no voy a disculparme por mis brazos, mi espalda ni mi papada.
Este cuerpo, este que a algunos les supone un problema al mirarlo, es capaz de cosas maravillosas. Gracias a él doy buenos abrazos. Mis labios han besado mucho en la vida: algunos besos de pasión, bien dados, con ímpetu y lengua, y otros de ternura, acompañados de un abrazo.
Estoy agradecida a mi cuerpo, que aguanta conmigo jornadas largas de trabajo, madrugones, pocas horas de sueño, muchos cafés, meses de dormir más en camas de hotel que en la mía, y aún tiene ganas de reírse, a veces por la chorrada más grande del mundo. Junto a él cumplí muchos sueños.
Gracias también a él sé lo que es el placer. Me ha enseñado muchas cosas intensas, me ha llevado al límite y ha superado las expectativas. Es mi hogar, es mi piel, que disfruto y enseño solo a quien yo quiero.
Este cuerpo que me ha permitido nadar en muchos mares, recorrer sitios increíbles, que me ha descubierto la emoción a través de su piel de gallina y el corazón acelerado…, este montón de huesos, músculos, grasa, piel y terminaciones nerviosas que sienten el sol, la velocidad, el cariño, el cansancio, el placer, el dolor, la tensión, el orgasmo y las caricias no se merece que pida perdón, solo que le dé las gracias.
Así que ya ves. Si los años sirven de algo, es para avergonzarse de dejar que cualquier niñato superficial te haga sentir mal. Aquí estamos nosotras. Y punto.