PAIS POEMA

Libros de elísabet benavent

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elísabet benavent

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Me gustas con la barba tupida,
con la sonrisa torcida de saberte malo,
mirándome descarado las tetas,
porque te da igual que te pille con los ojos
donde después pondrás las manos.
Me gustas callado sobre la cama,
con la mano sobre tu cuerpo,
provocándome sin saberlo
solo con arrastrar las yemas de tus dedos
sobre el vello de tu pecho.
Me gustas leyendo, concentrado,
aunque sea algo simple:
la carta de un restaurante,
un mensaje,
mi expresión,
mis ojos,
un beso.
Me gusta que me des sed.
Me gusta que me dejes sin saliva que tragar,
porque sigues poniéndome nerviosa
y eso me gusta.
Me gustan tus abrazos,
quizá más que tus besos.
Me gusta hundir la nariz en tu cuello
y fingir que no te huelo,
que no me importa,
que no me deshago entera
si el matiz de tu perfume me acompaña un par de horas.
Me gustas sonriendo como un niño,
hablando como un hombre,
desmoronándote, humano,
y flaqueando para mí,
ofreciéndote débil.
Me gustas corriendo por la calle,
con los dedos alrededor de mi muñeca,
diciéndome entre risas que llegamos tarde,
no sé si a una cita o a la vida,
ya me dirás si lo averiguas.
Me gusta el recuerdo de pasar frío contigo
y de sudar a tu abrigo.
Me gustan tus besos en la punta de mi nariz.
Me gusta que no te asuste mi miedo.
Me gustas hasta cuando me haces daño,
cuando pías,
cuando te quejas,
cuando tienes sueño (puede que siempre),
cuando disfrutamos la misma canción,
cuando haces burla de mi vergüenza,
cuando me agarras de la cintura,
cuando resoplas… en cualquier contexto.
Me gustas cuando te sabes guapo.
Me gustas andando,
sentado,
jodiendo y jodido.
Me gustas diciendo «No te quiero»,
medio en broma medio en serio.
Recordando en silencio,
arrepentido,
provocando,
aterrado pero aguerrido.
Me gustas, niño, pero me callo.
Si ya lo sabes…, decirlo no tiene, al fin y al cabo, sentido.