imperfectas
Con una cerveza sobre la mesa y un vacío en el pecho.
Con los labios pintados y una sonrisa sincera.
Riéndonos a pleno pulmón. Llorando. Con tacones. En zapatillas. Con nuestros vaqueros preferidos o con el pijama más viejo.
Perfectas. Sin serlo. Perfectas siendo imperfectas, con el carmín corrido o una carrera en la media. Quemando la noche o metiéndonos en la cama a las nueve. Deseando. Con pereza. Con las manos largas o una mirada tímida.
Todo, siempre, coquetas; porque en lo que somos, en la contradicción, el artificio, lo sincero y lo escondido, está la clave. El personaje redondo. La chica perfecta porque no lo es. Y no se castiga por ello.