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elísabet benavent

breve carta a un desconocido

Querido tú:
Sé que no soy nadie para dar consejos, pero permíteme un par…, quizá alguno más. Voy a susurrarte algunas de mis verdades, aunque es posible que no sean las tuyas.
Aprende a querer bien, sobre todo a ti mismo. Si te acuerdas de ella, escríbele. No juegues; nos aburre y desespera. Sé un caballero, pero selo siempre. Que cuando se desnude delante de ti se sienta poderosa, no avergonzada. No juzgues su experiencia, inexperiencia, sus errores, el largo de su falda o su manera de decir «coño» y «joder» constantemente. No quieras cambiarla. Si te hace sentir débil, díselo. Si te hace sentir fuerte, también. Si la admiras, no te lo calles, porque la grandeza que ves en ella no te hará más pequeño.
No mientas, tampoco para hacerla sentir mejor; es un placebo que ni siquiera dura lo suficiente como para que no duela. No te escondas, sé tú mismo. Si te acuestas con su recuerdo, busca la manera de que lo sepa. No des las cosas por sabidas o entendidas. Acaricia. Besa. Busca ese rincón de su cuello donde huele más a ella y donde le encanta que la besen. Mírala a los ojos. No hace falta que le abras la puerta o le retires la silla, pero respétala siempre, dale espacio, que sea libre y no la creas tuya nunca. Es suya, pero quiere estar contigo, ¿no es mejor?
Mándale esa canción que te recuerda a ella y pregúntale cuál escucha cuando piensa en ti. Tócala ahí, justo ahí. Y, si se te pone dura con que solo muerda tus dedos o tu hombro, muéstraselo. Susúrrale al oído que te vuelve loco cuando no sepas qué hacer o qué decir. Cógela de la mano y echa a correr por las calles de Malasaña. Que no os falte el vino ni las risas. Dile que brilla si lo hace. Dale lo que te pide si puedes dárselo y atrévete a pedirle lo que necesitas.
Sé tú, joder, pero auténtico, sin crecerte ni ponerte tonto porque te mire o te hable. Sé tú y que ella sea ella. Lo demás importa poco.
Fdo.
YO