amor propio
Cuida de tu amor propio; es el que te permite amar y amar bien. No lo confundas con el ego, porque no estamos hablando de lo mismo.
El amor propio es ese cosquilleo en la nuca cuando sabes que estás donde no deberías; la sonrisa en el espejo, estés guapa o no, por el simple hecho de que te la mereces.
El amor propio es saber gestionar que alguien te quiera bien, que te abrace y te dé cariño; es saber que eres merecedora de aquello bueno que te llega.
El amor propio es el que para los latigazos que te das y proporciona la pomada adecuada para las heridas. También el que te dice «Venga, va, que ni esto es un drama ni eres la única persona sobre la faz de la tierra» y que además reconforta: «Ya, pero quiero acurrucarme un ratito más».
Saberse débil pero que no importe; aprender de las caídas, los tropezones y las zambullidas kamikazes; repartir lo bueno, asumir lo malo, darse tregua, exigirse un mínimo; dormir un día hasta las dos de la tarde; comer solo en una cafetería especial porque sí; decidir dónde ponemos la barrera y, sobre todo, llegar al «hasta aquí» y no sobrepasarlo.
No permitas que nadie, buscando llenar un vacío, te vacíe a ti.
No permitas convertirte en tirita ni quieras salvar a nadie.
No regales tiempo, energía ni cariño a quien responde a zarpazos, por muy herido que sepas que esté.
Tú eres el amor de tu vida y mereces lo mejor.