Ojos divinos, luz del alma mía,
Por la primera vez os vi enojados;
¡Y antes viera los cielos desplomados,
O abierta ante mis pies la tierra fría!
Tener ¡ay!, compasión de la agonía
En que están mis sentidos sepultados,
Al veros centellantes e indignados
Mirarme, ardiendo con fiereza impía.
¡Ay!, perdonad si os agravié; perderos
Temí tal vez, y con mi ruego y llanto
Más que obligaros conseguí ofenderos;
Tened, tened piedad de mi quebranto,
Que si tornáis a fulminarme fieros
Me hundiréis en los reinos del espanto.