hombres con los que no me he casado
No importa hacia dónde lleve mi camino,
no importa dónde termine,
en suma, no importa el cómo ni el por qué,
o adónde vaya, ahí están ellos.
En caminos o encrucijadas, en calles y plazas,
en callejones, en paseos o avenidas,
parecen surgir de todas partes,
hombres con los que no me he casado.
Los observo cuando pasan junto a mí;
a cada uno miro con asombro,
Y «por Dios», exclamo,
«¡ahí va ese tipo cuyo apellido podría ser el mío!»
No representan una especie rara,
andan y hablan como los demás;
son agradables a la vista —pero solo agradables—
hombres con los que no me he casado.
Es probable que para sus madres
cada uno de ellos sea un hombre de verdad.
Pero aunque estén en lo alto de la estima del hogar,
yo no cambiaría de opinión por ellos.
Y, pese a todo, la preocupación no platea sus sienes;
ni se engalanan con ramas de ruda.
Es curioso que no les importe...
a esos hombres con los que no me he casado.
Post Scriptum:
Si un día tuvieran la ocasión de compartir
su suerte conmigo, toda una vida,
aire, sin duda, es todo lo que me ofrecerían...
esos hombres con los que no me he casado.