lamia
De su guarida en el desierto surgió la lamia,
una hermosa serpiente con forma de mujer.
Al encontrarme allí, me saludó con el nombre
que mis amados labios habían usado en días lejanos;
y cuando la lamia cantaba, me parecía escuchar
la voz del amor en algún viejo avatar.
Su letal belleza, como un filtro, se agitó
a través mi sangre y llenó mi corazón de luz:
la desposé con ardor, sin dejarme intimidar
por las extrañas manchas de su cuerpo blanco,
por las cosas que se arrastraban en su guarida
y los muertos que yacían a nuestro lado durante la noche.
Más fría su carne que las serpientes del pantano,
sin embargo, en su pecho perdí mi antiguo dolor
y encontré el gozo prohibido a los hombres vivos.
Pero, ah, fue hace mil años
que tomé a la encantadora lamia por esposa...
y jamás los que me encuentren
sabrán que he muerto hace mil años.