el pozo de la melancolía
Marcado por el desatinado Sacerdocio de la Noche,
por los sombríos e imprecatorios árboles,
cipreses que custodian los secretos de los bosques
y las tumbas que aguardan las fauces del ghoul,
me acerqué al pozo de la melancolía,
rodeado por los más cuidadosos centinelas,
aquellos cuyas raíces se hunden profundo en el campo muerto.
Ahí, donde las hojas tejidas se encuentran húmedas y frías,
como a través de una delgada y ponzoñosa neblina,
me acerqué para marcar las estrellas cansadas
que se asoman débilmente a través de ramas,
y me estremecí en esas aguas con súbito espanto,
en esas oscuras profundidades donde la luna pareció ahogarse,
una niña demacrada, con el rostro muerto y desesperado.