la casa que cruje
A veces, sobre todo a altas horas de la noche,
cuando no hay ni un atisbo de luz,
oigo crujir las tablas de madera, aquí y allá,
en el vestíbulo o en el ático, en la pared o en la escalera;
incluso en mi habitación escucho
esos ruidos muy cerca de mi oído.
Dicen que son las pesadas vigas
que se encogen o se asientan por el frío.
No estoy de acuerdo. Creo en cambio
que son los pasos de los muertos,
que merodean por las escaleras y el suelo
y recrean viejas escenas.
Cuando todo está en calma se los ve aparecer
y vagar a voluntad por el viejo y querido lugar.
Luego se escabullen de mala gana
cuando rompe el amanecer.