oxímoron
Entonces volar inmóvil
es lo que nos queda
cuando llega el verano y miras
las urracas bañándose en la fuente.
Te bañas y no te mojas
—al menos no de la forma que quiero —.
Caes al cielo y te hundes.
De tu cabeza nacen todos los gorriones.
Me meto al agua, vuelo en ella.
Te miro ciego y extraño el fuego
y el frío
de los cuerpos antes de ti.
Creo escuchar una voz sin sonido
pero es la caricia de tus alas con el agua.
Dejas tu mirada de promesa olvidada
y la sustituyes por una de pacto con prisa.
Se seca la fuente al absorber tu cuerpo
toda el agua para retomar su suavidad.
Dios manda lluvia y acaricio tu vientre.
Entonces nada.
Luego
todo.
Este instante supera la eternidad.