Entrelazamos nuestras manos.
Nuestras almas ya lo estaban.
Las miradas se perdían
entre mudos discursos
que sabían a sal y esperanza.
Nuestro corazones acompañaban
el vaivén de la existencia.
Me dijiste…
Te amo, flojito y dulce.
Con el calor de tu aliento
acurrucaste ese amor
tan adentro, que
aún me abraza con fuerza.
Tus palabras, tu voz
encontraba el sendero
que acariciaba mi corazón.
Y adheridas a mi pensamiento
las rebobino, en noches de luna llena.
Sé que estarás a su lado
compartiendo este momento.
Te fuiste demasiado pronto.
Me dejaste…
con tanto por entregarte.
Intento completar nuestros planes.
Porque sé, que juntos los hacemos.
Tu desde allí, muy dentro de mí.
Yo desde aquí, muy cerca de ti.
No quiero pensar, solo sentir
¡Así lo pactamos!
¡Así lo decidimos!
No quiero extrañarte.
No puedo olvidarte.
Ni el roce de tus labios.
Ni las caricias en mi piel.
Ni los apasionados besos.
Ni las carcajadas con lágrimas.
Miro la luna, hablo con ella
Miro tu alma a través de ella.
Me embelesa, me adormece
Me duerme, por fin;
escapo a tu lado.