viejo
Un viejo errante cabalga, sucio y maloliente, sobre las épicas dunas del deseo, filosofando y maldiciendo la vida. La soledad, su compañera, le muestra caminos mil veces recorridos, como el fulgor del Sol sobre la tierra yerma. Sonidos de sepulcros divinos interrumpen su galope; se para, escupe sobre ellos, y sigue su ruta hacia ninguna parte. Cien años bastan para que el viejo destile el denso licor de sus venas de bronce y acaricie con sus oídos el súbito despertar de sus huesos.