pescado
En la tasca del mercado se vende pescado, aderezo de negrura a la vida en silencio, los pájaros revolotean sobre la mercancía, por si a algún pez muerto se le caen los ojos. Vísceras de barrio cantan a la razón del mundo, el pescado vuela y golpea a la dama siniestra, sus agallas escondidas respiran en vuelo bajo, conspirando contra fiebres de amor en esencia. La sangre del pescado, como barro de hiel, gime no se sabe qué suerte de necesidades, chica y podrida en las cavernas del odio, esparce sus desechos como si a alguien le importara.