narciso
Vuela Narciso sobre las sombras de la tierra, el cielo y el infierno. ¡Oh, Narciso!, pequeño amigo, ¿dónde quedó el sutil despertar, cada mañana, de la fuente de la vida, que regocijaba al mundo y a los tuyos? ¿Recuerdas, Narciso, cuándo por nada ni nadie querías cambiarte, cuando, a cada momento, un placer infinito llenaba tu mente y tu cuerpo, y cabalgabas las olas del deseo sin ningún impuro esfuerzo? En las más claras aguas te reflejabas, aguas de inocente transparencia, como las alas del colibrí se reflejan en los frágiles pétalos de la tibia amapola. Entonces, Narciso, no había odio que te hiciera despertar del corto sueño de la vida, pues tú mismo eras esa vida, ese leve sueño de la tierra y del cielo.