País Poema

Autores

alvaro valiño lópez

corazón mutilado

Sonrisa regordeta venida del más acá, ¿por qué me castigas?, ¿no es suficiente mi cruz? Orondo y sano corazón que das y quitas con la facilidad de un santo querubín. ¿Por qué llamas para luego huir de mi ser; la nadería de un blanco pájaro herido? ¿Acaso hay algún peligro de que mi mente o mi cuerpo violen tu vaga entraña de pétalos de amapola? Llegará el trino del trigo, volverá el roce áspero de la carne, mis miembros se agitarán de nuevo en armonía, pero nada encenderá mi corazón mutilado. Harían falta mil siglos, y nada al mismo tiempo, para que de mis cansados labios asomase un "te quiero". Y eso, quizás no lo sabes, nada significaría, pues para un corazón dormido, todavía hay riesgo de morir. Un ramo de flores muertas te entregaría cada día para que, por fin, me conozcas por su aroma. Eso tiene la vida, que está dormida, y despierta solo con la inefable muerte. Dios, o la serpiente, nos animó un día como materia, y así, al desprecio de lo sensible. Desprecio, desprecio, desprecio, es lo que nutre el tejido del mundo. Poder, poder, poder, es lo que anima el mundo hacia la muerte. Y mientras tanto tú, mujer, ni más ni menos, cabalgas tu voz sobre mis áulicos deseos de amar, de no estar muerto.