¡ay! de los que...
¡Ay de los que no deseáis el amor en cada momento, a cada instante! ¡Ay de vuestras mentes que no se enturbian del cáliz sagrado de un deseo perpetuo! ¡Ay de los que no vivís embriagados, borrachos del dulce néctar de las más encendidas esperanzas! ¡Ay de la realidad, en suma, que no ve más allá de lo cabal en la materia! ¡Ay del hombre mismo, cuando no se observa bajo el tamiz del poeta!