donde se habla de la tierra que es de uno
Soy de un país que canta canciones en voz baja
mientras el resto del mundo escucha tras visillos.
Su litoral forma un cuerno de abundancia
tiene una luna de esperanza amarilla
una fuente donde se bautizan los herejes
y grietas donde se esconden los desesperados.
De mística implacable es dulce y es amargo
la fe que lo santifica no parece humana
(La desigualdad la toma como decisión divina).
Constante y brutal para defender la decencia de su mestizaje.
País de paz violenta
que cura sus heridas con historias
ilustre víctima de un mismo error.
Pueblo que dicta cátedras hasta de lo que no existe
diamante blanco visto desde la estratosfera
patria de soledad engalanada respirando a escondidas
su corazón —campana rota—
se recuesta en plumas de quetzal
que él mismo ha sacrificado.
Enorme, piadoso,
perfecto barco anclado en tierra firme.