donde la tierra muestra su deseo más íntimo
Nuestro universo es real, mágico, soberano
todo cuerpo gravitando en él lo sabe
la Tierra misma, esfera femenina
siente en su corteza ese imán de libertad y hechizo.
Siglo tras siglo sueña con el caos del Sistema
dejar de rotar en su propio eje
indiferente a leyes centrífugas
estira y afloja del sol
marido feudal hosco y sordo.
Cosa de soltarse mil milenios
a solas y a sus anchas
mezclando universos físicos, paralelos
convergentes, divergentes
en uno solo y sin dios.
Nuestra esfera, aun de las selvas,
desverdecería completa
exponiendo a cambio pleamares, tsunamis, terremotos,
efectos mariposa a lo largo y a lo ancho,
despliegue de montañas,
precipitación de rocas, sedimentos viejos
bosques coronados de tizne y silencio.
Afrodita surgiendo de la Vía Láctea
envuelta en polvo astral,
novas, supernovas, lunas, meteoros
y Halley y Kohoutek cabalgando el Himalaya.
Viva a flor de piel,
de cumbre a precipicio
gustosa de sufrir un doble impacto
quebranto de civilizaciones y esperanzas
desnuda, abierta al deseo de la carne
investida toda de libertad.
Volcanes, magma escarlata, vapor hirviente
oro, diamantes, esmeraldas y petróleo
dados en alumbramiento
para sentir por una vez y hasta la muerte
el placer inaplazable de un orgasmo cósmico.