del árbol del bien
En el principio existía la semilla
—desafío de Dios destinado a su estirpe—
que se hizo árbol asentando su morada entre nosotros.
Por los caminos soleados, por los campos libres
reventó del suelo y creció en silencio
hasta que la nieve derretida nos mostrara el fruto.
Nadie sabe qué llevó a Newton a la orilla del manzano
ni de qué manera empuñara su estilete para el duelo
lo cierto es que al Universo ha viajado ya la estirpe
y hay en la tierra una caldera donde hierben sistemas y recetas.
¡Tan largo fue el sueño, tan grande la amenaza
por una sola mordida de aquel fruto
por un solo bocado de íntimo discernimiento!