de un pequeño y gran dolor
El sufrimiento de las hormigas
se ha vuelto doble
desde que descubrieron
que el torrente de agua que inundó su casa
no era producto de lluvia bondadosa,
ni mar ni río desbordado:
venía de los ojos de un hombre que lloraba.
Piensan en el fin del mundo sin Noé
acabados ya sus días en las ramas
sus ejércitos de migas a la espalda
la bendición del trabajo sin salario.
¿Qué dolor será el de este hombre,
—se preguntan—
que su llanto la tierra reblandece?
Mientras rezan y tejen sudarios
la sal del llanto va convirtiendo en ruinas blancas
su pequeña acrópolis.