de milagros que suceden
El sueño de las pasadas horas
ha sido satisfecho
El amanecer se filtra
y un cincel define poco a poco
las siluetas de las cosas.
Entre la población que duerme
—en acuerdo sobreentendido—
un corazón de dos gramos de peso
ensaya su primer concierto:
El despertar del mundo empieza
con la humilde telegrafía
de ese corazón que nada sabe de su fuerza.