de las tareas del amor
Sencillamente y apenas
la niña de cuerpo fofo
y manos blandas
ha muerto ayer.
A la salud emocional de aquellos que abrazara filialmente.
Su ausencia fue el silencio que sigue
después de dispararle a un pájaro.
Se la echará en falta
no por sus juegos
no por su caminar que nunca fue ligero
ni por el sonido de su risa pocas veces escuchada
sino porque cuando se le veía
devotamente pensábamos en reconciliación.
En su bolsita de flores blancas,
que tanto le gustara,
lleva con celo su posesión legítima
el apego que era de ella
que había dado por el término de vida
a los de su casa,
conocidos y desconocidos cuando condescendían.
Para entrar a su cajón blanco,
de muerto inocente,
se le arregló el pelo
azul y nácar a sus parpados mongoles
en sus mejillas un rubor rosa
cerrando ahora sí
los labios siempre abiertos.
Tonta mía; maestra
de la asignatura Amor
se llevaran todo al cementerio
tus cinco minutos de historia
tus descosidos trapos
tus manos y pies floreciendo cada mayo
y esa cara abotagada que tantas veces lavaras
en el agua de los sapos.
Está bien que ahora pongas tus gritos en las estrellas
donde un guardián muy poderoso
te brindara polvos mágicos
para aprender a leer.